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EL TIPO ALANO TRADICIONAL
El perro de agarre en montería por excelencia

 

El nombre y la leyenda del perro alano han configurado un mito entre monteros y cinófilos españoles, que se dio por perdido a mediados de siglo XX en España.
Durante siglos,  los perros de presa han constituido una población diferencial ibérica respecto al resto del mundo. Los perros de presa llegaron a la península ibérica posiblemente con los bárbaros alrededor del siglo IV. El pueblo alano se diseminó por muchas zonas del norte y el oeste peninsular; sus topónimos y tradiciones ligadas al perro son reconocibles en heráldica, pinturas miniadas polícromas y esculturas hasta el siglo XV. Los códices miniados del Libro de la Montería de la Biblioteca de El Escorial y la Cartuja de Sevilla reflejan cómo era la raza hacia 1400. España ha conservado la tradición de los perros de sujeta o presa durante siglos, vinculados a la necesidad  de manejar el ganado autóctono de tronco ibérico. El Alano es el perro de alcance y agarre por excelencia utilizado en la montería española. Alcanzó su culmen documental entre el Renacimiento y el Barroco. Los testimonios gráficos de la raza en la edad moderna son abundantes: Velázquez, Goya, Blanchard, Perea ... Su declive vino marcado por la implantación de líneas de fuego en la montería; con la  mecanización de la dehesa y el progresivo  cambio en razas de ganado.

 

Sin embargo las tradiciones continúan en la España industrial. Y a finales de los setenta sobrevivian alanos y perros de presa en España. En la agrupación de perros de presa ibéricos se presentan dos castas o tipos definidos: por un lado, los perros chatos de cabeza redonda, voluminosos, de cuerpo recogido, de poco aliento –perfil facial cóncavo- y de magnifica presa, de irreductible carácter, definidos en el siglo  XIX como ‘perro de presa español’ y que quedaron especialmente dedicados a labores de ganado. Los perros de presa son más chatos, cortos y pesados, óptimos para la sujeción de reses en distancias cortas. Aquellos perros de presa españoles –los ‘perros de toros’- son el origen de todas las razas modernas. En Inglaterra nacería el Bulldog, en Burdeos reconocen el origen español del dogo que lleva el nombre de la ciudad; los bullmastiff. En Alemania el Bulenbeiszer (agarra-toros) sería el  antecesor del Bóxer.

Por otro lado, los perros de alcance y  agarre, de cabezas cuadradas, hocicos más largos,  carrera rápida, insensibles al dolor, de tipo algo galgueño –sublongilíneo- de cuello y  proporciones largas, de cabezas cuadradas y mirar fiero, de ojos pequeños oblícuos  (pequeños y un poco longuetes, como dice el códice esculiarense) y movimientos veloces: el llamado ‘perro alano’, siempre empleado en la caza mayor de montería o de ronda nocturna que ha  ocupado las descripciones clásicas. Desde 1978, nuestro trabajo se centro en esta etnia canina española, en sus descripciones y las tradiciones monteras ligadas a la raza.

La única raza con  patrón racial desde 1340

 

Los libros de caza describen generalmente los perros utilizados para la montería, con desatención frecuente de las razas de perros dedicadas al  ganado. En el siglo XIV se registró la más pormenorizada descripción del perro alano, miniaturas incluidas, del ‘Libro de la Montería’ (1340) del rey Alfonso XI el Justiciero de Castilla.  A partir de ese texto clave, se producen nuevas y muy explícitas descripciones, representaciones en pintura y escultura, coetáneas y acordes con los detalles del rey castellano. Las magnificas libreas que exhiben los alanos, sus agresivas expresiones, sus vientres recogidos y protegidos, sus cincelados cuerpos, sus orejas recortadas, sus potentes mandíbulas, sus largos hocicos y recortados labios, sus enceradas capas, sus bocas negras... No hay lugar a duda. La descripción  alfonsina es tan minuciosa, magistral y completa que constituye el patrón de la raza.desde entonces. Ningún autor posterior la ha contradicho.

El alano para ser hermoso debe cumplir los siguientes requisitos:  “que haya la cabeza de talle de congrio, et bien cuadrada, et bien seca,  et la nariz blanca e bien abierto de boca, et las presas grandes, et los ojos bien pequeños, et que cate bien a la nariz, et las orejas bien enfiestas, et bien redondas; pero que esto de las orejas todo va en el que lo faña en facergelas bien tajadas, o mal, et que haya el cuello luengo; pero que siga bien, que non sea muy grueso, nin muy delgado; et que haya los pechos bien abiertos, et los brazos que los haya bien enfiestos, et non delgados, et la cuartiella pequeña, et las manos redondas, et altas, et el arca colgada et grande, et que non se le parezcan las tetas; et que haya el lomo bueno, et non cargado en las caderas, et que se le parezcan à mala vez los huesos del  espinazo; et la cola que sea más contra gruesa que contra delgada, et que sea bien espigada, et que la traiga bien; et las corvas que las haya bien anchas, et bien arregazadas, et los pies que sigan a las manos, et que sea de buen cabello, et blando, et de cuerpo que non sea muy grande sin razon. Et el alano que estas fechuras hobiere, será fermoso, et de razon debe seer tomador”.

 

La cabeza es la llave de la raza. La tradición castellana del congrio en  salazón ha hecho de la cabeza de este pez un referente muy usado al describir las razas caninas. El congrio es un fisóstomo marino, de forma parecida a la de la anguila, de la cual se diferencia por tener la mandíbula superior más larga que la inferior. La descripción del libro real es tan fina y tajante que no debe dejar dudas, ni en la conformación (talle) de la cabeza cuadrada, de poco belfo (bien seca);  también en lo que se refiere al cuerpo atlético, cuello largo,  caja torácica grande, radios óseos derechos, de vientre recogido, de lomo musculoso y de tercio posterior escurrido (no cargado) .

Son poco frecuentes en la antigüedad las descripciones morfológicas, lo digo desde la perspectiva de una sólida formación bibliográfica y  como documentalista en lo que se refiere a búsqueda de documentos relacionados con  troncos caninos antiguos. Esta descripción morfológica es tan rara que debe ser valorada por los aficionados modernos tanto  como lo fue por documentados autores posteriores al rey castellano.

Dice José Noriega en su introducción al “Libro de la Montería” del siglo XV, que descubriera el Duque de Almazán (conservado en el Museo Británico), que el autor anónimo de esa célebre obra montera es seguramente D. Fernando de Iranzo, hermano del Condestable de Castilla y Adelantado de Jaén. El autor refleja  un enorme conocimiento directo del “oficio de montear” y en su obra tomo enorme protagonismo el perro de caza, especialmente el alano del que continuamente  ofrece consejos. Iranzo o quien aquello escribiese conoce el libro de la Montería del rey de Castilla, pues escribe un siglo después que el rey y acumula  la  sabiduría de lo leído y lo practicado.
Y otro caso me acaeció a mí mismo, a pie, con un puerco, que desechó un alano que lo tenía agarrado. Yo me había apeado (de la montura) y , desechado el alano, vínose para mí y fue forzado esperarlo; como quiera que no le tomé bien en la lanza me la quebró, de manera que corriera harto peligro, salvo por el alano que acudió luego y tomó. Estaba sin puñal y no tenía con qué ayudar al alano, que estaba herido y muy cansado, y no sabía cómo defenderme, y por una lanzada que primero le había dado a caballo, metí la contera de la lanza muchas  veces, hasta que le dí en la entraña y así cayó. Por tanto digo que es necesaria la contera de la lanza al de a pie...”
El “Libro de la Montería del siglo XV” (llamado del Duque de Almazán, 1936) contiene los episodios y las enseñanzas más claras acerca del uso de perros de presa  en la montería practicada sin armas de fuego, por lo que resulta capital y muy jugoso analizar detenidamente párrafo a párrafo a fin  de clarificar cuál debe ser el tipo tradicional a conservar entre nuestros perros de sujeta. Esta declaración de pureza de raza en los perros de caza es verdaderamente enardecedora:
“...que el alano sea legítimo por los  cuatro costados, porque de ninguno no le venga falta, porque la obra que hade hacer, no habiéndola su natural, acarrearía peligro para ellos y para los monteros. Porque la naturaleza del alano es osar tomar toda cosa sin pavor ni buscando ventaja y después de tomando sostener en la presa hasta la muerte, que yo ya ví un alano estar muerto y la presa hecha y las tripas rodeadas a la pierna.”

Descripciones en el esplendor de la raza: siglo XV.

Todos los autores posteriores en libros de caza han respetado y seguido las descripciones del rey Alfonso XI, aunque es más interesante que ninguno el testimonio de un ‘quasi’ contemporáneo, pues la forma de cazar y los medios de la montería cambiaron poco en apenas cien años, al contrario de lo que sucedería con la difusión de la pólvora  y los cambios dinásticos en España. El hidalgo Iranzo no se resiste a perfilar datos y opiniones  sobre el uso del alano en la caza mayor y las condiciones de su naturaleza, con lo que soporta mejor una visión veraz de lo que debe ser la raza. Sus palabras son respetuosas y originales:

Y por cuanto en el Libro de la Montería que he  nombrado en mi proemio, están las proporciones de los alanos y sabuesos, qué tales deben ser para ser buenos y hermosos, no será necesario ponerlo aquí, pero con todo diré mi parecer, que creo que no se desviará del suyo.

  1. Cabeza.

“Ya he dicho que debe ser mediano de largura, altura y anchura, la cabeza un poco larga, que  no muy corta y partida, y el hocico casi igual, que no sea ahusado, los labios caidos, de  manera  que tengan buena anchura, la boca hendida y negra dentro, porque tenga la encarnadura de ella más fuerte, las presas gruesas y cortas; los ojos pequeños como cuadradillos, un poco tristes y poco blanco en  ellos, y lo que tenga, vetado de vetas sangrientas y el mirar airado, pero derecho,  que no atraviese la vista sin volver la cabeza, que lo contrario es señal de traidor y homicida.

  1. Aliento y boca.

 

  • “...los livianos son de mayor agarre, porque la presa del alano, algunos que saben poco de este arte piensan que consiste en apretar  las quijadas,  y no es así, sino en el aliento, y lo pruebo por  dos razones: la primera que todos los alanos boquihendidos son más prisueños, que por la grandeza de la boca pueden tener y resollar por ella, y los que la  tienen pequeña por el contrario, se la ocupa la  misma presa; la segunda, que si un alano de firme presa, le tapan las narices teniendo, soltará, y cuando toman dentro del agua, entrándole en las narices, también dejan, y por tanto los que las tienen  muy abiertas, son firmes de tenida.”

b) Proporciones.

  • Y por tanto, volviendo a mi razón, visto esto, el que sea  ligero alcanzará presto, antes que haya  corrido mucho, y llegará con mejor aliento que si alcanzara lejos y tendrá mejor que, el que por su pesadumbre llega ya ahogado. Y aunque el alano sea liviano no por eso perderá las hechuras hemosas, dígolo porque algunos no los tienen por hermosos  si no son  muy fieros de cabeza y de todos los otros miembros, estos tales verdad es que son más para tomar vacas que para el monte, porque la mayor parte son pesados; pero hay otros de tal proporción que son hermosos  y provechosos para este oficio (la montería)”.

 

  • Que (el alano) sea más alto detrás que de delante, porque son más corredores y toman más fácilmente, especialmente a los puercos, y después de tomados están las armaduras cerradas con el suelo  de modo que no les  pueden sofaldar los golpes del puerco”.
  • “De los  alanos, a mi parecer, pueden ser tenidos por mejores para montear los medianos de altura y largura y de carnes, porque son  más  ligeros que es cosa muy conveniente, porque comúnmente, dejando el provecho que se sigue de alcanzar el alano al venado, hay otro, que los livianos son de mayor agarre.”

 

c) Faneróptica

  • “El pelo un poco sedeñuelo,que es el medio entre  sedeño del todo, que son calurosos, y pelrasos que son sensibles...”
“El color, algunos monteros son aficionados a unos más que otros; yo de ningún color he visto más número de  buenos  que de blancos y bayos y ambos  son hermosos   y se aprecia bien cualquier color de collar, y la  sangre de los encarnes, que se acostumbra a echarles por  el rostro, no se ve en ningún otro tanto.



 

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