PROCESO DE SELECCIÓN Y CONSERVACIÓN (CRONOLOGÍA)

 

En las postrimerías de los años setenta, quien esto escribe y un grupo de futuros veterinarios con visión de pasado y de futuro nos emperramos en conocer qué quedaba del mítico alano, dándole a priori por desaparecido como parecían todos los cinófilos estar de acuerdo. Antes, un fuerte trabajo de investigación bibliográfica nos permitió conocer todo lo publicado antes y después de la Guerra Civil. Un viaje por Extremadura en compañía del muy conocedor del terreno Luis Esquiró nos dejó claro que la raza estaba bien rarificada cuando no desaparecida de su última presencia en Plasencia y Sierra de San Pedro. Nuestro modelo era aquella magnífica imagen del “Cazalla” del Duque de Arión, fotografiado como modelo de la raza a principios de siglo. En Andalucía y Extremadura se conservaba la memoria de la raza, incluso los perros disecados, los anchos collares de protección... aunque habían desaparecido los ejemplares.

 

 

La más importante reserva de perros de presa autóctonos españoles se conservó en la Encartaciones, comarca a caballo entre la comunidad de Cantabria y la provincia de Vizcaya. Esos valles cantabros y vizcaínos ofrecían condiciones especialísimas para la conservación de la raza vacuna monchina y su explotación extensiva, lo que obligó a la conservación del perro de presa como auxiliar necesario en el manejo del ganado. En los años setenta y ochenta, cada familia de aquellos caseríos ostentaba en propiedad entre 50 y 300 vacas de monte autóctonas. En un entorno de monte espeso, no vale otro auxiliar que el perro de presa para manejar el ganado. Esta fue la razón de que las Encartaciones constituyeran el último reducto de conservación de perros de presa en su ancestral función, en número suficiente y tipo tradicional. Repetidos viajes desde 1980, tuvieron siempre como protagonitas a Luis Arribas, Luis A. Centenera y Carlos Contera, guiados por Juanma F. Ahedo, conocedor de Carranza y descendiente de un familia local de ganaderos.

El perro de presa había sido usado en las campas cuando algunos días al año, las crías se hacían descender al valle y eran apresadas en una operación de manejo que permitía y aconsejaba el uso de perros potentes de recorrido corto. De entre las poblaciones de perros de presa aparecen perros menos cóncavos de perfil y más eumétricos. La cerrazón progresiva del monte de repoblación –pino y eucalipto- comenzaba a dar más oportunidades a los perros más ligeros, de hocico cuadrado y velocidad que comenzaban alrededor de 1980 a despuntar entre sus congéneres. El trabajo consistía en localizar los ejemplares más en el tipo ‘alano' y prever la conservación del tipo con medios propios. Sin embargo, algunos ganaderos decidieron atajar en el proceso, cruzando los perros de presa con los perros llamados allí villanos, careas locales (muchos de ellos cruzados de Collie), que usaban los ganaderos en el acoso y esa ruidosa conducción de las vacas antes de la acometida del perro de presa.

En diez años de búsqueda y selección de ejemplares, nuestro trabajo se centró en descubrir perros del tipo “alano”, minoritario entre aquella población numerosa de ‘perros de presa del país' que ya habían definido y potenciado los veterinarios locales en los concursos de los años cincuenta y sesenta. Fue un trabajo contra reloj en el aprovechamiento reproductivo de los escasos machos viejos de tipo ‘alano'. Reproduzco a continuación unas notas mías del año 1989, que dejan claro la dificultad del trabajo inicial: “En ambos tipos dominan las mismas capas y colores: barcinos, encerados, negros, pardos, blancos con o sin manchas (nuca moteados). De una misma camada salen ejemplares próximos a uno y otro tipo, pues la tarea se selección del campesino ha perseguido siempre objetivos funcionales y nunca exterioristas o morfológicos.”

Desde 1980, el camino atractivo fue la recuperación y reivindicación del mítico perro Alano. A ella consagramos doce años de trabajo de crianza en común Luis A. Centenera y yo mismo. Resultaba el camino más difícil, aparecieron menos ejemplares aunque de excelsa calidad y comportamiento bravísimo. En principio usamos la “Loli”, una vieja hembra de Arroyo de la Luz (Cáceres), punto de partida al programa de cría. Aparecieron el célebre “Limón”, el “Chacur” y el “Navarro”... A medio proceso criamos el nunca muy ponderado “Alajú Godo”. Todos ellos de magnifico porte y correctísima mordida en tijera, cabeza cuadrada, esencia del tipo alano propiamente dicho. Y con ellos salvamos la estirpe, fijamos el tipo y lo extendimos en cinco generaciones, reimplantando decenas de ejemplares en las Encartaciones y lo vimos difundido por toda España.